Respuesta corta: La Latina se hizo sola y el barrio de Salamanca se dibujó en una mesa. El 19 de julio de 1860 un real decreto aprobó el proyecto de ensanche de Carlos María de Castro, que trazó manzanas cuadradas y fijó por norma anchos de calle de 30, 20 y 15 metros. El Madrid de dentro de la cerca llevaba siglos creciendo sobre caminos, arroyos y tapias de huerta, sin nadie que lo ordenase.
Se nota en cuanto cruzas la frontera. Si bajas por Serrano y giras a la derecha, sabes exactamente dónde vas a salir. Si bajas por la Cava Baja y giras a la derecha, aparece la plaza del Humilladero y no tenías ni idea.
¿Qué fijó exactamente el Plan Castro?
Castro era ingeniero de caminos y recibió el encargo de proyectar el crecimiento de una ciudad que se ahogaba dentro de la cerca levantada por Felipe IV en 1625. Su anteproyecto es de 1857-1859 y se aprueba en 1860. Cuatro años después, la Ley de Ensanche de poblaciones de 1864 da el marco legal para expropiar, urbanizar y repartir cargas entre los propietarios.
El plan dividió el suelo nuevo en tres zonas: la del norte (Chamberí), la del este (lo que sería el barrio de Salamanca) y la del sur (Arganzuela y Delicias). Y, sobre todo, puso números donde antes había costumbre:
| Elemento | Madrid de dentro de la cerca | Ensanche de Castro (desde 1860) |
|---|---|---|
| Quién lo trazó | Nadie: siglos de caminos, arroyos y tapias | Un ingeniero, con plano y norma escrita |
| Forma de la manzana | Irregular, cada una distinta | Cuadrada, en torno a 100 metros de lado |
| Ancho de calle | El que quedaba entre dos fachadas | Tres categorías: 30, 20 y 15 metros |
| Trazado | Radial y en cuesta, siguiendo el terreno | Ortogonal, calles que se cruzan en ángulo recto |
| Interior de manzana | Corrales, huertas y patios heredados | Previsto como jardín, con edificación limitada |
| Servicios | Añadidos a posteriori, calle a calle | Alcantarillado y agua desde el trazado |
Una diferencia con Barcelona que conviene tener clara: el ensanche de Cerdà achaflanó todas las esquinas, y el de Castro no. Por eso los cruces de Goya con Velázquez son ángulos rectos secos y los del Eixample son octógonos.
¿Por qué el Madrid viejo tiene esas calles?
Porque cada una fue antes otra cosa. Hay tres orígenes que explican casi todo el casco:
- Caminos. Las calles de Toledo, Segovia, Alcalá, Atocha, Fuencarral y Hortaleza no son calles que llevaran a esos sitios: eran los caminos a esos sitios, y la ciudad les fue creciendo a los lados. De ahí que salgan en abanico desde el centro y no en paralelo.
- Arroyos. El valle por el que hoy baja la calle de Segovia era un cauce, y la calle está donde estaba el agua. Cuando un arroyo se entuba, la calle se queda con su perfil: por eso hay tanta cuesta y tan poca recta.
- Tapias. Conventos, huertas y palacios cerraban su perímetro con muro. Cuando desaparecieron, la calle heredó el contorno de la tapia. La Cava Baja y la Cava Alta van por donde iba el foso exterior de la muralla cristiana, y por eso describen esa curva tan reconocible.
¿Se construyó el ensanche tal como lo dibujó Castro?
No del todo. El proyecto quería manzanas con la mitad sin construir, jardín dentro y edificios bajos. El precio del suelo se comió esa idea: los patios se fueron ocupando y las alturas subieron por encima de lo previsto. Lo que sí sobrevivió intacto fue el esqueleto, que es lo caro de cambiar: la retícula y los anchos de calle siguen siendo los de 1860.
El nombre del barrio viene de quien se jugó el dinero ahí. José de Salamanca y Mayol, marqués de Salamanca, compró terrenos en la zona este y levantó las primeras casas de Serrano y alrededores en los años sesenta del XIX. Le fue tan bien que acabó arruinado: el barrio tardó en llenarse y él no aguantó la espera. Para animar la cosa impulsó el primer tranvía de la ciudad, de tracción animal, que en 1871 unía la Puerta del Sol con su barrio nuevo.
¿En qué se nota hoy, al andar?
En cosas muy prácticas, todas derivadas de aquellos metros de ancho:
- En el ensanche caben arbolado, aceras anchas, carga y descarga, carril bus y aparcamiento a los dos lados. En La Latina hay que elegir dos de esas cosas como mucho.
- Las manzanas cuadradas de unos 100 metros dan muchos cruces seguidos: más semáforos, pero también más alternativas si uno está cortado.
- La calle estrecha del casco da sombra en agosto y sol nulo en enero. La calle de 20 metros hace justo lo contrario.
- Un camión de bomberos o una mudanza en el casco es una operación; en Velázquez es un martes cualquiera.
- Orientarse: en el ensanche puedes fiarte de que la siguiente paralela existe. En el casco, no.
¿Dónde se ve la costura entre los dos Madrid?
Siguiendo el rastro de la cerca, que se derribó a partir de 1868 y dejó su huella convertida en vía pública. Por el sur y el este, las rondas de Segovia, Toledo, Valencia y Atocha; por el norte, la línea de Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta y Génova. A un lado de esa línea, las calles vienen de un camino. Al otro, de un plano.
El paseo para verlo en veinte minutos: empieza en la plaza de la Puerta de Alcalá, mira hacia Serrano y luego camina hacia el centro por la calle de Alcalá hasta Sol. Estás recorriendo el punto exacto donde la ciudad decidió dejar de improvisar. Y si te apetece llevarte esa esquina a casa, en tucalle.com puedes montarte la placa con el nombre que quieras, sea el de la calle donde vives o el de aquella que te perdió una tarde en La Latina.