Es una de esas preguntas que suenan a respuesta de una línea: ¿cuántas calles de Madrid llevan nombre de mujer? Uno espera un número redondo, un titular y a otra cosa. Y luego abres el callejero oficial —el Ayuntamiento lo publica entero en su portal de datos abiertos, con cada vía, su tipo y el distrito y barrio donde cae— y te encuentras con que el número depende de tres decisiones que hay que tomar antes de empezar a contar. Según cómo las tomes, el resultado se mueve una barbaridad.
Decisión primera: qué es «una calle»
Madrid no está hecha solo de calles. En el callejero conviven plazas, glorietas, paseos, avenidas, rondas, travesías, pasajes, costanillas, cavas, carreras, caminos y algún que otro tipo de vía que ya casi no se usa. Aquí hemos hablado de lo que significa cada uno de esos palabros que abren tu dirección, y viene al caso: si cuentas solo lo que se llama literalmente «calle de», dejas fuera la plaza de Santa Ana y la glorieta de turno. Si cuentas todas las vías, entra mucho más.
Añade el segundo lío: parques, jardines, plazoletas ajardinadas y viales interiores de urbanizaciones. Algunos figuran en el callejero, otros no, y unos cuantos tienen nombre de mujer. Antes de dar una cifra hay que decir cuál de esos universos estás mirando, porque nadie que publique un porcentaje sobre esto está contando exactamente lo mismo que el de al lado.
Decisión segunda: qué es «nombre de mujer»
Esta es la trampa gorda, y tiene tres capas.
La primera es puramente gramatical. Si filtras por artículo femenino te salen la calle de la Bola, la de la Cabeza, la de la Palma o la de la Sal. Son femeninas de género y no tienen nada que ver con ninguna mujer: vienen de un objeto, de un oficio o de una leyenda del barrio.
La segunda capa son las santas y las advocaciones marianas, que en Madrid pesan mucho. Santa Engracia atraviesa Chamberí de arriba abajo. Santa Isabel baja hacia Atocha con su convento a cuestas. La plaza de Santa Ana es de las más pisadas del centro. Y luego está el bloque de las vírgenes: la Virgen de los Peligros, a un paso de la Gran Vía; la Virgen del Puerto, junto al Manzanares y su ermita. Si te das una vuelta por Prosperidad y por la zona de Ciudad Lineal, la cosa se dispara: allí hay advocaciones a puñados, calle tras calle, en un patrón que se ve mejor sobre el mapa que sobre el terreno.
¿Cuenta una advocación como nombre de mujer? Depende de qué estés midiendo. Si buscas presencia femenina en el callejero, sí. Si buscas mujeres con biografía —con fechas, con oficio, con una vida que se pueda contar en una placa—, no: una advocación es una figura de devoción, no una vecina que existió.
La tercera capa son los títulos. La calle de la Princesa, la de las Infantas, la de la Reina. Femeninas, sí, pero no señalan a ninguna mujer en concreto, o señalan a una que ni siquiera aparece por su nombre.
Decisión tercera: a qué callejero le preguntas
El callejero no es una foto fija. Cada vez que se urbaniza un desarrollo nuevo entran decenas de vías de golpe, y cada cambio de denominación mueve la cuenta. Los datos abiertos del Ayuntamiento se actualizan, así que el número que saques hoy no es el que sacarías dentro de un año. Cualquier porcentaje que veas por ahí lleva fecha, aunque no la enseñe.
Las que sí tienen biografía
Cuando dejas fuera lo gramatical, lo devocional y los títulos, aparece el grupo que la mayoría de la gente tenía en la cabeza al hacer la pregunta: mujeres reales con nombre, apellido y expediente. En el centro de Madrid hay unas cuantas y merecen el paseo:
- Concepción Arenal, la pensadora y reformista de prisiones, con calle en la zona de Cuatro Caminos.
- Bárbara de Braganza, reina consorte y promotora de las Salesas Reales, junto al barrio de Justicia.
- Mariana Pineda, ejecutada en Granada en 1831 por bordar una bandera liberal, en una calle pequeña del centro comercial de Sol.
- Isabel la Católica, cerca de Santo Domingo.
Fíjate en el patrón: casi todas están en el Madrid histórico porque llegaron pronto al callejero. Las que llegan ahora tienen que buscarse la vida en otra parte.
Por qué las nuevas caen lejos del centro
Aquí hay una explicación de fontanería urbana que se entiende en cuanto la ves. El centro de Madrid está lleno: no quedan calles sin nombre dentro de la M-30, y rebautizar una vía existente es un follón administrativo, vecinal y postal que casi nadie quiere abrir. Los nombres nuevos van, casi siempre, donde hay asfalto nuevo.
Por eso, si quieres ver dónde ha crecido la presencia femenina en el callejero en los últimos años, no mires Malasaña ni Chamberí: mira el Ensanche de Vallecas, Valdebebas, El Cañaveral, Las Tablas o Montecarmelo. Ahí es donde se han bautizado calles a cientos en poco tiempo, y ahí es donde se nota lo que el Ayuntamiento ha ido decidiendo. El efecto secundario es geográfico: el mapa de las mujeres del callejero tira hacia fuera, hacia los bordes, hacia los barrios que todavía huelen a obra.
Si quieres contarlo tú
Se puede hacer en casa, con paciencia y una hoja de cálculo. El camino es este:
- Descargar el callejero vigente del portal de datos abiertos del Ayuntamiento de Madrid.
- Decidir y anotar qué tipos de vía entran en la cuenta.
- Separar a mano el bloque de santas y advocaciones marianas del bloque de mujeres con biografía. Automatizarlo no funciona: hay que mirarlo caso por caso.
- Descartar los femeninos gramaticales y los títulos sin persona detrás.
- Guardar la fecha de la descarga, porque tu cifra caduca.
El trabajo aburrido está en el tercer punto, que es justo el que casi nadie hace y el que decide si tu porcentaje se parece al de otro o no.
Mientras tanto, hay un plan mejor que la hoja de cálculo: bájate a la calle. Sube por Santa Engracia, cruza a Concepción Arenal, baja a Mariana Pineda y lee las placas despacio. Y si te apetece ver tu propio nombre en una de esas placas de porcelana con el marco azul, en tucalle.com tenemos un generador para fabricarla.